– El final se acerca... – dijo la mujer de pelo liso, tez blanca y con escote que dejaba ver un poco la parte de al medio de su pechos redondos, que daba la tentación de tocarlos y a la vez un miedo aterrador, si intentabas profanar dicha parte sin su consentimiento.
Estaba confundido, no sabía en que lugar me encontraba y no era el único que estaba ahí. Pero algo era seguro, todos escuchamos ese llamado que sonaba en nuestras cabezas, una y otra vez, como sí fuera una canción, que nos estimulaba para evocar imágenes en nuestra mente. Se notaba que en cada uno de nosotros, teníamos gustos distintos. Algunos se le apreciaba poleras que estaba escrito con el nombre de una banda musical, como “SLAYER” o “Daedeloth”, en otros se veían gorros con dibujos, como las de un “Pikachu”, o mochilas llena de chapitas de series de anime o de grupos pop coreanos. Era una verdadera diversidad de representantes que se apreciaba en ese lugar, de clanes y tribus que sobresalían por su singularidad, pero sentía que teníamos algo en común, un propósito mutuo....
– Han pasado por diferentes traumas y retos que tenían que afrontar – nuevamente hablaba la mujer del escote y por lo menos yo, estaba atento a su discurso, a pesar de su provocadora vestimenta–. Algunos soportaron la tortura con medicamentos para controlar su mente, otros el rechazo de quienes no lo comprendían e incluso aquellos que renegar su esencia con un disfraz. Pero ahora, cada uno de ustedes – apuntaba con su dedo y haciendo un giro que recorría todas las personas que veía al frente de ella– ha acudido al llamado para demostrar el verdadero poder que llevamos adentro y crear un nuevo mundo. Somos los guerreros desechables que cambiarán el orden. Somos el azote que devastara la realidad... – hizo una pausa para recuperar el aire y mirar por una ventana que dejaba ver el cielo – El solsticio se acerca. Ellos llegarán y nosotros seremos su ejercito...
Dicho eso, como si fuera poseída por algún ente más allá de mi compresión, un rayo amarillo penetra por la ventana, revelando que nos encontrábamos en una especie de búnker-cueva, y que todos padecieran extrañas convulsiones y empezábamos a emir sonidos guturales, producido por la vibración de nuestros cuerpos. Observaba como algunos emanaban en cada poro de su piel, una especie de aura, que le hacían aparecer alas, tentáculos y cabezas de serpientes en sus espaldas, otros obtuvieron poderes como genera fuego de sus manos o levitar por sobre las cabezas de los demás. Pero lo que más me perturbo, fue que algunos empezaba a tener una extraña metamorfosis, en la que los huesos crecían y su carne y piel se desgarraban horriblemente, dejando un nuevo cuerpo que pareciera ser antinatural y desafiar toda regla darwiniana y biológica. Luego, al estar abstraído de lo que observa, empiezo a sentir un ardor, mi transformación da comienzo. El dolor es intenso en un principio, pero luego se me hace tan natural como respirar. Siento que mis dientes fueron remplazados por colmillos y caninos, mi cuerpo era cubierto por un pelaje oscuro, mis orejas era alargadas y puntiagudas, sentía unas alas en mi espalda, mi boca se convirtió en un hocico alargado y una cola de reptil que brota por mi cóccix. Al terminar mi reconstrucción e intentar arrancar lo que queda de mi antiguo ser, comienzo a sentirme como si despertara de un antiguo sueño y que mi antiguo envoltorio no era mi verdadero yo, mas bien como debí ser en un principio...
Al ya completarse el “despertar” de todos, la mujer del escote se desnuda ante nosotros, sin provocar algún deseo desenfrenado por violarla, y le brota de su piel al aire una armadura, que se pega por todo su cuerpo y cabeza, que parece ser el exoesqueleto de algún insecto.
– Hermanos míos, ¡Por la gloria eterna! – grito la mujer-insecto, levantando el puño a los cielos y todos nosotros respondíamos de la misma forma, gritando o emitiendo sonidos guturales. Emocionados por la batalla, que estaba próxima, la cual no se su propósito o de que lado estamos. Pero algo era seguro, nosotros vamos por la victoria...










Tal vez sonaba bien en ...
Tal vez sonaba bien en tu mente, pero en la pantalla yo sólo logro ver una suma de demasiados lugares comunes.
Saludos sangrientos
Blood