El Contrato

Mientras la mujer revisaba los papeles, él la miraba con una cierta impaciencia que disimulaba bien. Detrás de una amable sonrisa. Sabía que era en vano lo que ella estaba haciendo. El documento fue hecho con cierta malevolencia y meticulosidad, que su tipo de letra y los detalles de esta lo hacía imposible de entender. Pero tenía que aguardar. Sabía que al final sedearía y firmaría, con el lápiz que ya lo tenía preparado. Es así, que cuando ella tomó la decisión, ese personaje comenzó a experimentar un orgasmo interno, el cual quería aplacar de todas las formas posibles. Un impulso sobrenatural que le incitaba a  reír con exageración y malignada. Mostrándose ante todos los que estaba cerca, como era en realidad e infundiendo miedo en sus corazones. Podía sentir en cada trazo de la tinta que hacia la mujer, como su alma se despedazaba en fragmentos, que terminarían en la nada atómica. Casi como si quisiera saborear con su lengua, cada pedazo que se desvanecía. Más aún, quería eyacular el contenido de sus gónadas. Pensando en la desesperación que ella sufriría. Al intentar de cumplir parte de sus obligaciones, a las cuales accedió sin cuestionar. Imaginado lo que tendría que hacer, para poder salir de su infortunio. Era claro que para ese personaje de alma inhumana, no le importaba en absoluto si la mujer cumpliera o no con las clausulas. Sabía que por ningún lado podía ella ganar y era lo mejor de su trabajo.

 

     –Bueno, con eso terminamos señora Bravo –dijo el ejecutivo manteniendo una compostura intachable, aunque seguía reteniendo su impulso que comenzaba a reducir su intensidad–. Aquí tiene su copia y el vale para cancelar en caja el adelanto de su crédito. Recuerde que después de cinco meses, se facturara la primera cuota que debe cancelar. Con una tasa del interés del 15% durante los próximos veinte años. En fin, eso sería y gracias por confiar en nosotros. Que tenga un buen día –luego estira la mano para despedirse de la señora y ella, le responde con amabilidad.

 

Cuando la señora Bravo se dirige hacia la salida del banco, no podía evitar estar arrepentida de lo que hizo. Pero qué opciones le queda. Era viuda, desempleada y no le alcanza el dinero para mantener a sus hijos. Aunque sabía que en dos meses podría conseguir un trabajo y pagar lo pactado. Sin embargo, no dejaba de pensar que el ejecutivo quien la atendió,  disfrutaba de la situación que tenía y más aún, percibía como este la seguía con la mirada. Sin saber que esta, reflejaba un cierto placer oculto y que lo escondía a través de una sonrisa fraternal…

|

Comentarios

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar